Relatos que curan

Sabio sin Saberlo

Como me lo contaron así os lo cuento a vosotros.

Había una vez un mago muy, muy pobre que sólo tenía una humilde casa y su varita mágica. Un día oyó que iba a haber un mercadillo de trueques en la misma plaza en la que él se encontraba. El mago que era bajito con una barba blanca hasta los pies acabada en punta y con un traje azul marino con estrellas y lunas amarillas, se dirigió al mercadillo. Allí había de toooodo lo que quisiera él. Echó una ojeada y vio un libro de la Sabiduría. Él quería llegar a ser más sabio de lo que era para poder ayudar a muchas personas.

Al mago Chapó, que así se llamaba, le aceptaron el cambio del libro de la Sabiduría por su varita mágica. Y, cuando fue a abrir el libro,de repente, se oyó una voz:

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El sentido del hacer

Al pasar por una cantera y escuchar el  incesante martilleo sobre las rocas, un caminante se detuvo a  observar  a los hombres que allí trabajaban. Durante horas y a pleno sol, les observó picar las duras piedras con gran empeño y concentración sin manifestar cansancio o queja alguna. Intrigado por las razones que llevaban a alguien a pasar horas.. y días.. y una vida entera realizando una tarea tan dura y repetitiva, decidió hablar con ellos y satisfacer así su curiosidad.

Se acercó al cantero que tenía más cerca y tras saludarle le preguntó:
- ¿Cuáles fueron las razones que le llevaron a elegir este oficio, buen hombre?¿Qué sentido tiene picar y picar durante horas?
- Yo señor, soy cantero. Mi padre ya era cantero y yo me enorgullezco de perpetuar la tradición. Aunque desde luego... no es cosa fácil.

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El valor de la simplicidad

Foto NMH 2010

El discípulo vivía con su mentor espiritual. Un día le comentó:
-Venerable maestro, me gustaría hacer cosas muy importantes, muy trascendentes.
-Bien, bien...- respondío el maestro, así como si no lo oyera-. Ya las harás. Ahora lava los platos.
Cuando el discípulo acabó de hacerlo, el maestro dijo:
-Barre el patio.
El patio quedo reluciente como un espejo y el maestro ordenó:
-Ve a recoger los escrementos de la vaca para preparar el fuego.

Así lo hizo el discípulo, y a continuación el maestro le dijo:
-Prepara la cena
Una vez hubieron cenado, el maestro dijo:
-Lava los platos.
El discípulo lavó los platos y luego, muy compungido, se lamentó:
- ¡Pués si que estamos bien! ¿ Y dónde están las cosas relevantes, trascendentes?
- ¿Te parece poco relevante lo que has hecho?- preguntó el maestro, y agregó:- Aparentemente son cosas pequeñas, pero no por ello dejan de ser importantes. Y además, si haces bien las cosas pequeñas, también harás bien las grandes y trascendentes cuando lleguen. Anda, prepara ahora una taza de té.

Extraído del libro "Cuentos de los grandes maestros espirituales" Ramiro A.Calle (2005)Ed.Oberón
Fotografía de http://www.mood.es/

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